GLORIA

A mi nadie me enseñó a amar. Nadie me dijo que lo dejaría todo, todo y nada. Porque en la nada era donde era más yo, más mujer, más alegre. No tenía nada y lo tenía todo a la vez, pero el amor me exigía todo. Todo y nada. Me pintaba de rojo los labios para pretender una sonrisa, me los pintaba con pétalos de rosa. Con las espinas me decoraba las uñas, esas que eran mi única defensa. Con carboncillo me delineaba los ojos, para revivir el fuego que una vez perdí. Y me llenaba de joyas, armaduras y broches para no sentirme sola. Escribí mil poemas para esconder la tristeza, y entre cantos y risas me apagaba el miedo. Asi salía a cada mañana a la arena repleta de gente, con el torero de nuevo esperando a atacarme. Ese amor torero que nunca se aparto de mi. Ese amor torero que exigía todo y nada. Y con mis manos apretando la arena escuchaba a la gente gritar: “Gloria! Gloria! Gloria”